El primer paso: la cartera que montaría yo si empezara desde cero
Renta fija o variable, ETF o fondo indexado, cuánto en EE. UU. y cuánto en Europa. Los productos concretos, por qué siempre mantengo entre un 20 % y un 30 % en liquidez, y lo que no me gusta de mi propia cartera.
¿Tienes 1.500 eurazos criando polvo en la cuenta y no sabes qué hacer con ellos?
¿Quieres invertir pero no sabes por dónde empezar?
¿Tienes miedo de que te timen?
¿Le has pedido consejo a tu amigo Iñaki, ese que dice que trabaja en finanzas?
Tranquilo. Iñaki ha venido a salvarte.
Vale, es broma. No he venido a salvar a nadie, y desconfía bastante del que te diga que sí.
Pero el motivo del artículo va en serio. Hace unos meses escribí sobre qué haría yo si quisiera invertir pero no tuviera ni idea de por dónde empezar. Aquel iba de mentalidad: los errores típicos, la hucha de emergencia, no tener prisa. Mucha gente me escribió después, y casi todos me escribieron lo mismo:
Vale, lo he entendido. Pero al final, ¿qué compro?
Desde entonces la respondo por mensaje, uno a uno, repitiendo la misma explicación veinte veces. Así que la escribo una vez y bien. Entre el artículo anterior y este está lo básico, para no tener que explicarlo mil veces más. Esto es lo que compraría yo si mañana me quedara sin cartera y tuviera que empezar de cero, con poco dinero y sabiendo que es un primer paso, no la cartera definitiva de nadie.
Dos avisos antes de seguir. No es una recomendación para ti, porque no sé nada de ti. Y si te saltas los cuatro apartados siguientes para ir directo a la tabla, te vas a hacer daño: la tabla es la parte fácil.
1. Renta fija y renta variable
Todo lo que puedes comprar se reduce a dos formas de poner tu dinero a trabajar. O prestas, o eres dueño.
Con renta fija prestas dinero a un Estado o a una empresa, que se compromete a devolvértelo con intereses en una fecha concreta. Eres acreedor. Con renta variable compras un trozo de un negocio: eres propietario y nadie te promete nada.
Y aquí está la trampa del lenguaje, porque fija no significa segura. Significa que el cupón está fijado de antemano. Si compras un bono al 2 % y luego los tipos suben al 4 %, tu bono ya no lo quiere nadie al precio que pagaste. En 2022 mucha gente que tenía renta fija para no arriesgar lo descubrió de golpe: fue uno de los peores años para los bonos en décadas, justo a la vez que caía la bolsa.
2. Un ETF no es un fondo indexado
Los dos nombres se usan como sinónimos todo el rato y no lo son. Lo que se compra en Revolut son ETFs, aunque mucha gente los llame fondos indexados.
Por dentro hacen lo mismo: replicar un índice de forma pasiva. Lo que cambia es el envoltorio legal, y en España ese envoltorio decide cuántos impuestos pagas. Un fondo indexado puedes traspasarlo a otro fondo sin pasar por Hacienda (artículo 94 de la Ley del IRPF), y solo tributas el día que reembolsas de verdad. Un ETF no: cada venta es una ganancia patrimonial.
| Fondo indexado | ETF | |
|---|---|---|
| Cómo se compra | 1 vez al día, a valor liquidativo | En bolsa, en tiempo real |
| Traspaso sin tributar | Sí | No |
| Vender para cambiar de producto | No genera impuesto | Tributa del 19 % al 30 % |
| Disponible en Revolut | No | Sí |
Aun así sigo mandando a la gente a Revolut, y la razón es la comodidad. La app ya la tienen instalada, se entiende sola y dejar puesta la orden recurrente lleva cinco minutos. Para mí eso pesa más que la fiscalidad, porque lo práctico es lo que se mantiene en el tiempo, y si vas a aportar y olvidarte durante quince años la desventaja del ETF es pequeña.
Si la fiscalidad te importa mucho, los mismos índices existen también en versión fondo indexado, y ahí Revolut no llega: tendrías que irte a plataformas como MyInvestor, Openbank, IronIA o EBN Banco. Es un tema que da para un artículo entero, así que lo escribiré pronto. Y si no es tu caso, sigue leyendo, que vamos a lo importante.
3. Gestión activa o pasiva
La gestión activa es alguien cobrándote por elegir. La pasiva es comprar el índice entero y no elegir nada. Ya lo conté en el artículo anterior, así que lo resumo: los datos llevan veinte años diciendo lo mismo.
La parte decisiva no es que la mayoría pierda contra el índice, sino que no puedes saber de antemano cuál va a ser la minoría que gane. Y mientras tanto el coste sí es seguro: un fondo activo español cobra con frecuencia entre el 1,5 % y el 2 % anual, frente al 0,19 % de media de los cuatro productos que verás abajo. Esa diferencia, capitalizada veinte años, se come una parte enorme del resultado.
4. Conocerte a ti mismo
Este es el apartado que todo el mundo se salta y el único que de verdad decide el resultado. Tres preguntas antes de mirar un solo ticker.
¿Para qué es este dinero? No para que crezca. Para qué. La entrada de un piso dentro de tres años no se invierte igual que la jubilación dentro de treinta. El dinero que necesitas en menos de cinco años no debería estar en renta variable, sin excepciones.
¿Cuánto plazo tengo de verdad? No el que me gustaría, sino el real, contando con que puedo quedarme sin trabajo o cambiar de planes.
¿Cuánto puedo caer sin vender? Esta no se responde en un Excel, se responde a las tres de la mañana. El único test que vale es imaginarte tus 10.000 € convertidos en 5.500 € durante dos años seguidos, con todos los titulares diciendo que va a ir a peor, y preguntarte si aguantarías sin tocar nada.
Lo pregunto porque el índice que más peso tiene en mi cartera es el que peor se ha portado en los malos momentos:
Fuentes: DQYDJ, Nasdaq Drawdown History y A Wealth of Common Sense. Rentabilidad total, incluyendo dividendos.
Si al leer eso has pensado que tampoco es para tanto, probablemente no lo has visualizado bien. Si has pensado que tú no aguantas, perfecto: acabas de aprender algo importante sobre ti y deberías bajar el peso del Nasdaq o quitarlo del todo. Las dos respuestas son válidas. La que no vale es no habértelo preguntado.
5. La cartera que montaría yo
Cuatro productos, todos ETFs de acumulación (reinvierten los dividendos automáticamente, así no tributas cada año por ellos) y todos disponibles en Revolut:
| Ticker | Producto | Índice | Coste anual | Peso |
|---|---|---|---|---|
| 6AQQ | Amundi Nasdaq-100 Swap UCITS ETF EUR Acc LU1681038243 | Nasdaq-100 | 0,23 % | 40 % |
| VUAA | Vanguard S&P 500 UCITS ETF USD Acc IE00BFMXXD54 | S&P 500 | 0,07 % | 27 % |
| AE50 | Amundi Stoxx Europe 50 UCITS ETF Acc FR0010790980 | Stoxx Europe 50 | 0,15 % | 17 % |
| AMES | Amundi IBEX 35 UCITS ETF Acc FR0010655746 | IBEX 35 | 0,30 % | 17 % |
Sobre 1.500 € el reparto sería: 600 € al 6AQQ, 400 € al VUAA y 500 € a Europa, que puedes dejar enteros en el AE50 o partir en 250 € y 250 € con España si te quieres posicionar algo más en casa.
Reparto de una aportación de 1.500 €. Costes según las fichas de los emisores en justETF.
Eso deja dos tercios en Estados Unidos y un tercio en Europa. El sesgo hacia EE. UU. es deliberado, y no es una corazonada: es que ahí es donde han estado las empresas que generan el crecimiento. La diferencia de la última década no es sutil.
Rentabilidad anualizada a 10 años. Fuente: PortfoliosLab.
¿Y por qué no ponerlo todo en EE. UU. entonces? Porque diez años no son la eternidad. Entre 1970 y 2007 los índices europeos rentaron algo más que el S&P 500, y el dominio americano es sobre todo un fenómeno posterior a 2008. Poner el 100 % en el mercado que mejor lo ha hecho en la última década es la clase de decisión que parece obvia hoy y ridícula dentro de quince años.
El sobrepeso del Nasdaq va en la otra dirección: si el dinero va a estar veinte años parado, tiene sentido que la parte más grande esté donde están las empresas que más crecen, aceptando que el camino será más movido. Es una apuesta consciente, no una optimización.
6. Lo que no me gusta de mi propia cartera
Cualquiera que te enseñe una cartera sin contarte sus defectos te está vendiendo algo. Estos son los míos.
El solapamiento es mayor de lo que parece. Las mayores posiciones del Nasdaq-100 están todas dentro del S&P 500, y además pesan muchísimo en él. Sumando un 40 % y un 27 %, mi exposición real a media docena de tecnológicas gigantes es bastante más alta que ese 67 % aparente.
Hay riesgo de divisa y no está cubierto. Dos tercios de la cartera son activos en dólares: si el dólar se debilita pierdes por ahí aunque las empresas vayan bien. Lo hago así porque no me gusta pagar la cobertura, pero existen los mismos ETFs con la divisa cubierta, por si lo prefieres.
Y el IBEX es sesgo, lo reconozco. Los 250 € a España no salen de ningún análisis: están ahí porque es España, y me gusta tener una parte en casa. Es el más caro de los cuatro, eso sí. Si prefieres no llevarlo, lo quitas y dejas los 500 € enteros en Europa, pero tampoco pasa nada por tenerlo.
Y falta lo demás: no hay emergentes, ni pequeñas compañías, ni renta fija. Es deliberado: con 1.500 € no puedes tener veinte fondos. Esto es lo básico, tres o cuatro productos, para alguien que está empezando. Sobre renta fija escribiré más adelante, por si te quieres meter.
Así que léelo como lo que es: un primer paso, no la cartera de tu vida.
Y si estás leyendo esto con un patrimonio ya serio encima de la mesa, este artículo se te queda corto. Ahí hay que mirar tu situación a fondo y construir una recomendación hecha a medida. Si es tu caso, escríbeme y lo vemos.
7. El hábito y la liquidez
Llegamos a lo único que defendería con vehemencia: el reparto exacto entre estos cuatro productos importa muchísimo menos que aportar todos los meses sin fallar. Un 70/30 y un 60/40 acaban en el mismo sitio. Aportar o no aportar, no.
Por eso dejaría puesta una orden recurrente mensual el día que cobro, y no volvería a tocarla. Sin decidir cada mes, porque los meses que el mercado cae es cuando menos ganas tienes de aportar y cuando más falta hace.
Simulación propia: 300 € mensuales durante 20 años. Es una ilustración del interés compuesto, no una previsión.
Aportando 300 € al mes habrías puesto 72.000 € de tu bolsillo en veinte años. Al 7 % serían unos 156.000 €, y al 10 % unos 228.000 €. Fíjate en la forma de las curvas: los primeros años son casi planos y aburridos, y todo el efecto llega al final. Por eso la gente que abandona, abandona pronto.
La segunda regla es la liquidez, y empieza el primer día: no metas de golpe todo lo que tienes. Si dispongo de 3.000 €, entro con 1.500 € y me guardo el resto. Si el mercado cae, tengo munición. Y ese colchón no desaparece cuando la cartera ya está montada: se queda en ese 20 % a 30 % de forma permanente.
Aquí los datos no me dan del todo la razón, porque en promedio invertir de golpe supera a repartirlo en el tiempo. Lo haría igual, por un motivo que no aparece en esos estudios: el que empieza todavía no sabe manejar los vaivenes. Aguantar una caída del 25 % se aprende aguantándola, y la rentabilidad óptima sobre el papel no sirve de nada si te saca del mercado.
Mi opinión
Cuando alguien me pregunta qué comprar, lo que está preguntando en realidad es cómo no equivocarse. Y la respuesta incómoda es que te vas a equivocar seguro, en algo, y no pasa nada mientras los errores sean pequeños y el tiempo sea largo.
Esta es la cartera que montaría yo, con mi plazo, mi tolerancia al riesgo y mis manías, incluido un sesgo hacia España que podría no ser necesario, y pensando en quien está empezando. Lo único que defiendo sin matices es lo de siempre: entiende lo que compras, no inviertas dinero que vas a necesitar pronto, automatiza la aportación y ten la paciencia de no mirarlo.
Todo lo anterior es lo que haría yo. Tu situación es otra: tu plazo, tus ingresos, lo que ya tienes ahorrado y lo que puedes aguantar sin dormir mal. Si quieres que revisemos tu caso concreto y montemos una cartera pensada para ti, ofrezco asesoramiento personalizado.
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